• El estatus del estado absoluto o de cómo me perdí en el Serengueti

    Se parece esto tanto a los principios del siglo veinte, con todos nosotros cerrando los ojos, y todos ellos aprovechando para dar un pasito como en el juego de un dos tres escondite inglés, coartándonos libertades, y nosotros dejándonos como buenos aborregados y miedosos impostores de humanos que derrochan una vida que se nos dio

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    El estatus del estado absoluto o de cómo me perdí en el Serengueti
  • Ríndete melindre

      “Ríndete melindre”. Escribí en el vaho de un espejo aquella mañana en la que me duché para salir hacia el patíbulo (o examen), mi aparente valentía estuvo de acuerdo, huí, coceé al león como una cebra y luego me vieron pastar con la tranquilidad de un cobarde orgulloso de sí mismo.

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    Ríndete melindre
  • Si te vence el miedo date por muerto.

        Vendrán más, los errores serán parecidos:   Hasta ayer aquella razón de dignidad siniestra convivió con la insana costumbre de fechar las fechas con nombre y seña, revirtió en la verdad cuestionada en la realidad inventada, la que nos funciona, salimos a festejarlo a la acera con agua y anchoas en lata, no

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    Si te vence el miedo date por muerto.
  • No se le entiende nada, qué bien habla.

        La trampa consiste en no conocer que la ignorancia nos atrae, seguimos al más bruto por debilidad por inferioridad de carácter, quizá por anemia, lograremos sandeces, mentiras y bocanadas de aliento fétido por buscar la simple fiesta,   dejaremos construir mientras no distinguimos un pilar de un escombro una bodega de un mirador,

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    No se le entiende nada, qué bien habla.
  • ¡Qué poco cambia!

     Contradiciendo a Heráclito me bañé en un río y no cambió, resiste allí, cuajado vertiendo la sangre en un estuario ahogando primogénitos divisando rebatos improductivos, el agua no cambia al igual que la persona el agua se bebe y en la guerra se asesina. El silencio  no habla, y al sol nadie lo apaga.

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    ¡Qué poco cambia!