Categoría: Pensamientos rocambolescos.

  • El infierno son los otros (Jean-Paul Sartre)

        Sartre alégrame el día, con la mirada que levanta la niebla abre la puerta al laberinto y sitúame en el punto que me pertenece, el centro instaurado para apoyar el punzón fabricante de la circunferencia, desde esa genuflexión me figuraré enemigo amigo a partes iguales de la muchedumbre y el individuo, entre esa…

  • Establos de concentración

    Establos de concentración

      El ambiente se sienta de hinojos confundiendo el origen de sus pasos, es tan bifronte que reúne las miríadas o invenciones y las sonríe, para luego llorar con la fantasía de un mundo tan bueno y barato como qué por él vendieron toda nuestra serenidad, la contradicción es su ventana el vástago ardiente que…

  • Debemos vivir en países de idílica realización personal cuando nos gusta levantar problemas sin haber callado a los antiguos.

    Debemos vivir en países de idílica realización personal cuando nos gusta levantar problemas sin haber callado a los antiguos.

        Todos corren al mercado, a la plaza a danzar bajo las sombras de mástiles, enrollaron el romanticismo y se lo están fumando ríen y sollozan con estremecimientos exagerados,   la silla se ofrece como una caléndula la reina en el interior de una cueva compra seda a un mercado de plástico, los pies…

  • El estatus del estado absoluto o de cómo me perdí en el Serengueti

    El estatus del estado absoluto o de cómo me perdí en el Serengueti

    Se parece esto tanto a los principios del siglo veinte, con todos nosotros cerrando los ojos, y todos ellos aprovechando para dar un pasito como en el juego de un dos tres escondite inglés, coartándonos libertades, y nosotros dejándonos como buenos aborregados y miedosos impostores de humanos que derrochan una vida que se nos dio…

  • Lo que vuelve a pasar

      La oxidación de la tarde reduce la melancolía. Reacciones instantáneas, expresiones, grietas en la frente. Se acurrucó bajo el telón bajado del crepúsculo, y ahí quedó durmiendo, hasta un nuevo día. Era una niña coqueta, un poco traviesa, saltarina, a la que gustaba jugar sin tregua, pisaba uno tras otro cada charco que obstruía…