Agradar y ser un diente blanco que relumbra
Y no querer verlo porque estamos enfermos
Quemados de viento, locos por la sombra
Que proyecta todo aquello que dejamos de ver,
Sobre el camino nos despojamos de los trajes
El de la enseñanza adquirida, el sentirnos indispensables
El de creernos todas las promesas de advenimiento
Del mundo perfecto que algun día existió,
Y así desnudos no podemos romper la cadena
El misterio ni la duda, entonces nos queda agradar
Agradar a la flecha negra y a la taza de café blanca
Al solitario que lanza las cartas sobre una mesa
Y al que como un inquilino pierde con el sudor rabia y ostracismo,
Dios que es nuestra imaginación ríe como un demonio desnutrido
Frente a nosotros, a nosotras sabiendo que agradar es su venganza.









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