Los toros son buena gente y aun así los matan…

Qué se puede esperar de la justicia humana

Esa que se construyó con retales de filo noble

Y que se comporta como dientes de acero oxidado,

Huyen a través del paseíllo hacia su muerte

Recorriendo la ascensión al gólgota,

Tras abducirles de su linaje

Sin la maldad intrínseca de quienes corren

Y Jalean su fatal destino como parte de lo festivo,

No embisten ni lloran, creen que al final del túnel

Volverán los prados verdes, el mugido del amigo

La brisa fresca de la mañana, el calor intenso de la tarde,

Doble honestidad del herbívoro herido

Gallardía del astado silente

Que condenan a la parca

Sin haber cometido delito,

Y a nadie culpa, a nadie recrimina

Hasta que llega la tarde cuando es tarde

Y muge cuando ha comprendido,

Ahora volvería a recorrer la mañana

Sin escapar al miedo, afrontado a la muerte

destrozando obstáculos.

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