El mundo no cambia por reemplazar a los dioses, pero sí cuando dejamos de necesitarlos.

El mundo no cambia por reemplazar a los dioses, pero sí cuando dejamos de necesitarlos.

La democracia estadounidense es una moderna “dictadura” con nombre de sueño, americano como todo un continente repleto de aspiraciones destrozadas, solo se publicita el pequeño porcentaje de las que salen bien, cuántas almas sufrieron, nadie cuenta eso. Allí, en esa tierra considerada, por los liberales de todo el mundo, Jauja, te son ofrecidas, como una dádiva, dos opciones para votar, a cual “mejor”, tu opinión poco importa, solamente tu papeleta, y ni siquiera eso, si no votas no te lo recriminarán , no saben que existes . Su “dictadura” se ha extendido por el orbe con la fuerza de uno de los mayores ejércitos del mundo, que dice construir la paz mundial manteniendo el miedo a raya. Su sistema, patentado, se basa en una individualidad extrema, al menos en el plano imaginario, que se sustenta con un fanatismo por su bandera y las armas, es decir, EEUU, como cualquier país que se precie, está fabricado por simbolismo vacío, angustia metafísica, tedio político, ley de la selva, almas desectructuradas y ajenas entre sí deambulando aleatoriamente por la faz de su territorio, voluntades unidas por una nada imaginaria, y lo que es más importante para un país, una frontera física, y si puede ser, todo esto aderezado con pizcas de odio difícil de diferenciar del miedo, sino a un país le falta algo. 

Es un contrasentido, desde mi humilde opinión, sentirse liberal y creer en los estados y las fronteras, pues el dinero, la riqueza como tal, no reconoce esos inventos, a lo mejor funcionaría si la tierra careciese de límites y los seres humanos fuésemos por ejemplo guepardos criados en la soledad del espacio abierto. La ideología que mantienen y han exportado es la depredación extrema, cuya esencia consiste en que todo lo que se pueda hacer se debe hacer por el que pueda hacerlo, y el que se quede atrás no se habrá esforzado lo suficiente para conseguir sus sueños con nombre de continente, así que, no se merece siquiera considerarse ciudadano de ese excelso e imaginario país.

El consumismo es el terror de cualquier pretendida felicidad, pues ésta se basa en apreciar el momento y en sentirlo con toda su plenitud, y para ello habrá que pararse en algún instante y no andar persiguiendo lo que sea que estamos persiguiendo todo el rato. El resto de la humanidad, prácticamente toda, bajo el dominio de esta ideología, incluso la que llaman comunista, se levanta por la mañana con el único propósito de hallar una supuesta existencia idílica repleta de cosas en las que ocupar su valioso tiempo. La publicidad que han estado usando para extenderse soterradamente entre otros mensajes más prosaicos, para vender esta forma de vida, se basa en que nuestras propias células se escaparon de nuestro cuerpo desparramándose por el orbe, parecido a la teoría de la media naranja de Platón, a algunas las conocemos de repente por un anuncio, otras paseando en un escaparate, otras en el telediario o en cualquier programa de televisión o sin aparentemente ir buscándolas en una tienda por la que deambulábamos, llevados por una angustia existencial, como un fuego que necesitamos apagar, nos las encontramos, y en ese mismo instante que vemos esa pequeña parte que nos perteneció, que se despedazó de nosotros antes de nacer, advertimos dentro de una explosión de satisfacción que nos faltaba aquel elemento inherente a nuestra propia existencia. Los objetos con los que llenamos nuestras casas son la esencia plena y filosófica de estos tiempos que nos han tocado vivir, y quizás de todos los que fueron y serán, la muestra que no pasamos de niños o niñas, somos incapaces de llegar a la edad adulta. 

Esa “dictadura” nos impone un presidente sin haberlo votado, al que en realidad gobiernan las grandes empresas, o los grandes magnates, en una sombra cada vez más iluminada. Nos dictan las maneras de vestirnos, comunicarnos, entretenernos, lo que debemos pensar, hasta la revolución que debemos emprender, con los métodos más sibilinos, a menudo no disimulan y emplean formas más directas. Podemos advertirlo escuchando con detenimiento y crítica los mensajes publicitarios que desde diversos lugares de la comunicación se emiten, todos dirigidos a un aspecto que ese momento el poder considere importante. Basados principalmente en el miedo. Y todo esta red se trama sin haberla votado, ¿dónde se encuentra la democracia?, y sin habernos pedido opinión, pues ya nos saben o nos creen convencidos, voluntariamente viviendo dentro de un redil. El sistema nos mantiene en el interior con pequeñas descargas eléctricas producidas por una cerca de cables detalladamente urdidos. Nos presionan a alejarnos de los límites, tras ellos el sistema perdería el control, pues nos adentraríamos en terrenos en los que se desbordaría la curiosidad, la imaginación, la creatividad buena, la que se encarga de buscar nuevas forma de encontrar caminos por los que caminar todos juntos, los que andan más rápido, los que andan más lento… Podríamos traspasarlos tranquilamente pues la descarga no es tan fuerte, además sabemos que merecería la pena andar al otro lado aunque fuesen unos minutos, para poder comparar después, sin embargo tememos el regreso que de buen seguro se producirá, no existe ninguna infraestructura humana al otro lado, los que fueron y volvieron, siempre cuentan que se encontraron muy solos. 

La sociedad se nutre y se construye con cada uno de los individuos que la compone, pero el sueño americano dicta lo contrario, cada elemento es enemigo de los demás y a la vez es la mercancía última del sistema, la rueda que lo mueve, el hámster que hace girar su rueda, y como esa insatisfacción es eterna, llamémosle envidia, necesidades que no se sacian, aburrimiento existencial, diríamos que se produce un gradiente de energía que mantiene en movimiento continuo al sistema. La descarga de adrenalina que se produce tras la adquisición de un nuevo objeto, es satisfacción efímera, vacía, narcótica, engancha, por el mismo mecanismo de cualquier droga, y con la misma devastación moral. 

Con estas democracias vestidas con formas cada vez más sofisticadas, en las que los candidatos siguen hablando de sí mismos, descalificando al contrario, a menudo de mentirijillas, como ha sucedido toda la vida, sabiendo que se necesitan mutuamente, pues sin enemigos no funciona la mala política, comprendiendo, nadie comprende mejor a un político que opta por un puesto que su adversario, son, en el caso de EEUU, dos, hombres, arriba, hablando lo que toca, lo que nos dicen que funcionará, y los demás abajo, en nuestras casas, oyéndolos y posicionándonos, como borregos, o limaduras de hierro alrededor de los dos polos del imán que hace moverse a la sociedad, el negativo y el positivo, lo blanco y lo negro, la noche y el día. En unos lugares más livianos, que en otros, se rizó el rizo, proseguir con las “dictaduras” de toda la vida, los reinos con rey omnipotencial, sin que la gente lo advierta, con “sus” pequeños o grandes miedos encaminándoles los pasos por un camino no explícito, pero que por alguna casualidad taumatúrgica todos lo eligen. 

En estas “dictaduras” todo avance, por pequeño que sea, lo producen las personas, no esperemos que venga de arriba, uniéndose en pequeños grupos que pueden a llegar a ser inmensos, con mucho esfuerzo, hasta jugándose la vida. Y cuando el poder aprende a adaptarse a ese cambio y a usarlo en su propio beneficio lo aceptará, y lo dará como aprobado e incluso se atribuirá el mérito. Ese es el camino que llevamos, ¿la solución ? No nos queda otra que luchar, aunque el fin fuese el mismo, luchar por nuestro cambio interior y comunicarlo lo mejor posible, abrir los ojos, somos del tamaño de lo que vemos como dejó escrito Alberto Caeiro, empujar al poder a que piense que lo mejor para nosotros es lo mejor para él. Es triste decirlo, y agotador también, a veces desesperante, pero esa ha sido la constante de la historia, los cambios para que se produzcan deben ser buenos para el poder, y cuando ellos lo entienden, todo resulta más fácil. 

Lo que yo pienso, humildemente, que se debería hacer para cambiar o para caminar en una dirección aceptable, es pensar, nunca está de más pensar introspectivamente unos minutos más, no es tiempo perdido, pararnos, aprender a vivir con nosotros mismos, aislarnos del exterior, paradójicamente es la mejor forma para observar con claridad en conjunto al mundo, luego que hayamos hecho las paces con nuestro olvidado yo, salir e intentar comprender a los demás sin juzgar, están construidos de la misma materia, y no hablar por hablar, las relaciones humanas están atiborradas de palabrería, de ruido, escuchar y luego, cuando tengamos algo que decir que aporte digámoslo y defendámoslo hasta las últimas consecuencias, y no dejemos que asciendan a los puestos de representación los peores, incluso los malos, busquemos entre las/los mejores, que los/las hay, pero suelen estar viviendo su vida, convenzámoslos, en fin, el cambio, el avance, está dentro de nosotros, empecemos por ahí. Y no llamemos democracia a cualquier sistema, pidámosle unos mínimos.

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