No rima, pero es verdad.

Una independencia impregnada con miedo
al que atribuyen la cualidad libertad,
una juventud acostumbrada a la rueda
de la precariedad, a renunciar al futuro
de esperanzas múltiples por un sedante,
a autoconvencerse, a autoinstruirse
que la docilidad tonta de un caballo domado
será su motivación para seguir,
que el consumismo y la boca abierta
con la serie de turno o el meme viral
aplacará la ansiedad por la pérdida de aquella historia
que no seremos capaces de protagonizar,
ya han convertido a gran parte
de los que fueron y fuimos jóvenes en ranas hervidas,
por un lado, esa precariedad se perpetua
a todas las etapas de la vida,
y por otro, cualquier mejora
por paupérrima que sea será bienvenida,
le haremos una fiesta de globos y guirnaldas.

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