La vieja extrañeza

Fueron dos meses de remanso ascético
e incertidumbre transatlántica
en las que los privilegiados
construimos un mundo cerrado
de gimnasia, lectura, esperanza,
unas producciones de sinceridad barata,
y mucha alegría superflua, estéril, y gritona
que salía a borbotones desde el manantial
de las pantallas a las que nos asomamos
para comprobar cuánto de felices son los otros,
entre tanto lo normal se hace nuevo
o se hace viejo y se nos antoja eterno
y somos rematadamente los mismos,

los no privilegiados
se engalanan de resignación a perpetuidad
y empujan creyendo que la normalidad
de hoy los salvará de la normalidad de mañana
y así sucesivamente, lastran con piedras
de miedo los cambios que merece su tierra
su mundo, sus gentes, sus ecosistemas
sus piélagos, sus profundas simas,
la nube que transita tímidamente
tapando con nocturnidad al sol,

los privilegiados
tampoco empujamos los cambios
aunque en el momento de enajenación
ascética los vislumbramos
y prometimos que saldríamos mejores,
aquí estamos consiguiendo
volver a la vieja extrañeza
en la que seguimos construyendo
el mundo que no nos gusta,
seguimos consumiendo gente
somos, los unos y los otros,
antropófagos de almas
con ojos hábiles para la felicidadfotografía
la fotografíapose, la poseinvestida
el despiece sobre una gran mesa de banquete
aderezado de sueñossiempremismos.

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