El ahínco con el que nos ataca el enemigo es proporcional a lo que nos admira…

El ahínco con el que nos ataca el enemigo es proporcional a lo que nos admira…

…E inversamente proporcional al vacío que le produce nuestra indiferencia…

¿Y si el enemigo somos nosotros?
Con nuestras barricadas, que más que a ellos,
es a nuestra conciencia estacionada
en el aparcamiento de la duda
a quien frena
saltar a la arena provocando al felino
cuya responsabilidad es ninguna.

El mar asciende, el plástico nos anega
y vamos a bañarnos y flotar entre la basura
en el verano apático que rezuma incluso inocencia,
salimos a pasear por esas calles que humean sangre
vestimos manos esclavas, calzamos combustible,
esquivamos los ideales por un sillón de piel de subsistencia
viajamos con los ojos vendados por piedras para la vísceras
entablamos conversaciones que sin naturaleza son huecas
hablamos con los dientes y las sonrisas se convierten en trampas,

las preguntas como medio se responden son con baños de realidad
hay quien dudaría si consta tal concepto, si repasamos la racionalidad
tendríamos que confirmar que no, pero sí existen sensaciones que se le asemejan,
la honestidad, portarse con moderación y decencia, la dignidad
aplicada para la raza humana, y para cualquier raza,
el equilibrio en la justicia, la insumisión en la injusticia,
siempre un espejo para entablar dialogo de tú a tú, y luego detenerse en los demás.

…los enemigos esperan tanto de nosotros que no deberíamos defraudarlos…

…quien parece no esperar nada de nosotros somos nosotros…

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