¿Por qué me abstengo cuando quiero decir no?

Esta sería la contestación que podría dar un político cualquiera, de un partido que se ha convertido en cualquiera, cuando le preguntaran porque se abstiene: Hay momentos del día que la ansiedad me puede, mi cuerpo se convierte en una tormenta, un ciclón inmenso que desvía el buen tiempo a los confines de las tierras conocidas…

Como siempre contestando lo que no se le ha preguntado. No obstante yo sí lo entendería, nadie puede vestir de coherencia siendo el ojo de un huracán. Si has vendido tu alma verdadera, es decir: tu currículo, a unas siglas y no has sido capaz de prepararte laboralmente ni anímicamente para un mundo real, que existe, aunque a los políticos de carrera les cueste creerlo, tu piel estará revestida de papel, y el papel como todos sabemos no es un elemento constructivo apto para aguantar un ciclón.

Si me aceptan un consejo, las personas por regla general valemos más de lo que nos creemos, y podemos afrontar los cambios con solvencia, somos de los más preparados para estos menesteres en el reino animal. Si enfrentan las corrientes, y nadan contra ellas verán que son mucho más fuertes que los pareceres de unos cuantos, llámense barones o aprieta tuercas.

Muchos de ellos, me consta, tuvieron algún ideal, y quisieron cambiar el mundo, decidieron entrar en un partido político para ser un grano de arena en la montañita que en un futuro sería la justicia social. Si fue así, que recapaciten recordando esa forma de mirar que tuvieron y no con la pintada de miedo por perder el asiento del culo, el coche de la puerta, o el chalet de la sierra. Mírenlo como una ganancia, ganen silencio, llámesele paz, esa que se forma cuando uno está en armonía con su esencia, y dejen los huracanes para el tiempo meteorológico y el caribe.

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