La realidad disminuida

Poco a poco la realidad de toda la vida, la que siempre ha sido en 3D se nos disminuye, la ninguneamos como a un subproducto de una tecnología anticuada, producida por unos ojos, unos oídos, unas manos, una nariz… rudimentarios.No tardará mucho en que alguien la etiquete como realidad disminuida.

Sentíamos que nos faltaba algo, pero no sabíamos el qué, nadie nos lo había ofertado, pero en cuanto la vendieron nació  y creció vertiginosamente la necesidad, despertamos de milenios acobardados ante un vacío casi hiriente, un enorme aburrimiento, vidas enteras perdidas buscando algo que nos llenara, lo supimos, la realidad necesitaba un aumento, era pequeña, de pocos colores y demasiado compleja para nuestro cerebro ávido de simplicidad en formas y argumentos.

Para decorar este pensamiento errático voy a contar un pequeño relato que pudo ocurrir, tal vez lo hizo:

Paseando hace unos días observé a un adolescente andando unos metros delante de mí con la cara sumergida en la pantalla de su teléfono, cazaba Pokémons dando tragos a una botella de agua, cuando la terminó, con disimulo, como dándole aprensión lanzar la botella al suelo la abandonó dulcemente junto al pretil de una jardinera. Parecía tener tanta prisa que no podía pararse un momento a buscar una papelera. Mi primera reacción, como siempre en estos casos, fue llamarle la atención: ¡Eh oiga, se le ha caído la botella! Sin embargo, no sé el porqué, me acerqué a ella, la miré unos segundos, dudé, incluso luché en contra de un impulso que prosperaba dentro de mí muy rápidamente, ganó mi parte canalla, chuté con fuerza, imaginándome una portería imaginaria(o aumentada) cuyos postes era el joven y una farola, pero como la mayoría de veces, una cosa es donde se quiere poner la pelota y otra muy distinta es hacia donde se dirige ella, golpeé el poste humano, justamente en el centro occipital. El muchacho amorró la cabeza y gritó como si lo hubiese herido de gravedad. Se giró, no sé si me vio o no, alguien gritó: ¡Pokemon Tornadus! Dejé de ser importante para él, corrió a un lugar donde otros muchos se concentraban intentando cazar al monstruito. La botella quedó tirada en el suelo mientras todo el mundo pasaba sobre ella o le daba un pequeño empujón hasta terminar en el asfalto, la observé, me asaltó la idea de hallarme ante un ser con vida propia, un coche la pisó por el lado de la boca y saltó girando, me pareció que con lentitud, hasta alcanzar el otro extremo de la calle donde quedó quieta y casi indemne, solamente había perdido el tapón rojo. Entonces se me ocurrió que podría inventarse una aplicación para cazar objetos en la realidad disminuida, no haría falta siquiera un móvil, solamente la tecnología con la que nacimos, unas manos, y los pies para acercarnos. Me dije envalentonado a la vez que sonreía: lo inventaré yo. Crucé la calle, no sin gran riesgo, y agarré aquel plástico ya inservible. Hacía unos minutos era un contenedor de agua, un objeto, ahora no era nada. Grité:¡Botella de agua!,¿cuántos puntos me dais por esto? No sé si alguien se percató de mis voces, ya me había marchado buscando una papelera y diciéndome: soy  cazador en la realidad disminuida, vaya trabajo me he buscado.

Sin más proseguí mi paseo observando las tres dimensiones, eran las mismas de siempre, me toqué, era yo, hacia el mar se conseguía ver un horizonte recto, decidí luchar por esta realidad, será poca cosa, me dije, pero le he tomado cariño.

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