Ladrones de bancos

Ladrones de bancos

Hoy he visto la fotografía de unos operarios retirando un banco en Madrid, para que los que han perdido el techo sobre sus cabezas no puedan dormir sobre él. ¿Se podría ser más vil? Es una pregunta retórica, se puede, desgraciadamente no es tan difícil ni tan infrecuente. En el encuadre apenas unos elementos más, unas rejas detrás cerrando unos soportales, pienso que por la misma razón que por la que se están llevando el banco, y en la esquina superior izquierda se puede apreciar el comienzo de un letrero, a mí me parece que es la sucursal de un banco, palabra homónima y homógrafa del desalmadamente transportado por esos trabajadores. El banco recinto, el banco como lugar inexpugnable, tanto física como moralmente, el banco rescatado con dinero, que no recuperaremos, de los contribuyentes, incluso con dinero de aquel que necesitaría como mal menor dormir en el otro banco que hasta hace unos instantes se encontraba anclado a la acera. Ese banco estará cerrado también para el que lo necesita. Banco, palabra que parece convertirse en maldita para el desheredado.
Se me ha ocurrido que antes de esa fotografía había en esa calle, de dos bancos uno que paliaba mínimamente la injusticia, separaba del duro y frío suelo a un ser humano, era humilde, pues su contribución era escasa, aun así había confortado más que el que a solo unos metros se cierra a las tres de la tarde y no quiere saber nada de las necesidades humanas, aunque lo hayan construido supuestamente estas. Esa fotografía, por si sola, expresa más del alma que millones de palabras que yo pudiera decir. Simplemente hace falta mirar con espíritu medio-crítico para conocer que nos dejamos arrastrar por la maldad con demasiada facilidad, nos introducen miedos al otro, al que tuvo mala suerte o tomó malas decisiones que ya no consigue solucionar, nos introducen miedos a los emigrantes, personas como nosotros, buenas o malas, que huyeron…
Ese banco, me refiero al que se llevan, es una metáfora sanguinaria, un gesto que parece nimio, pero que alberga una maldad casi infinita. El otro banco, el que se sitúa en un local como un comercio más, que comercia con la vida de la gente, ese no tiene alma, ni mala, ni buena, es la descripción de la nada, solamente es un instrumento que generalmente es usado para perpetuar esa desigualdad, que contribuye en buena medida a que haya más gente que se le robe el techo, y luego se le despoje del último lugar dónde dejarse caer para descansar.
Dos bancos unidos por decisiones, por las nuestras, por las de todos. Dejarnos empujar por la barbarie, o por la justicia, esa es la conciencia, la consciencia, cualquier acto tiene consecuencias, más de las que creemos. Es terrible abandonarse al azar. Los que toman esas decisiones no lo hacen.

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