Y más que salir las palabras de sus bocas, son ellas quienes salen de la boca de las palabras. (José Ruibal)

Al atardecer…
desconfianza al saurio que ubica al día
en nuestro camino de sueño congelado
en la ambición de la espesa noche,

son los besos y las bocas, las plumas que desgarran,
hacen temblar al suelo ante pies de almohada
combar la tierra, que resitúa su trayectoria,
pasar por aquellos mares vacíos
hasta llevarnos a oriones y centauros,
incubarnos dentro amenazando con estufas,

ella se reirá por nuestra desfachatez de pulga
saltará, hasta despejar su grupa
no será tan importante el sarpullido
transcurrirán estaciones
aderezando el disparate
y luego el vacío de la normalidad,

perder pierde el que pierde
y el que está cerca del que pierde
y el que opina que gana
porque le salieron buenas cartas,
pero al infinito no le importa el juego
lo inventaron seres vacuos en forma y color
que se aburren y expectoran toda su lluvia sucia.

El desvelo…

las palabras nos escuchan
en cambio nosotros
esperamos por si el silencio
tuviese algo que decirnos,
hacer hacemos poco
gritar gritamos mucho
los hechos imaginan y nos esperan
en las revueltas de la calle negra,
creer no creemos en nada
pero todo es creencia,
nos construyeron con ladrillos
reutilizados de todo el tiempo pasado
que es lo eterno que está por llegar,
el rostro del universo huele a cualquier palabra sencilla
un hoy por ejemplo, un ayer, un mañana
es tan insignificante que es la inmensidad
lo inabarcable, esta pierna que duele
la ansiedad o el nido vacío sobre el sauce
que observo desde mi ventana.


Crepúsculo matutino…

A %d blogueros les gusta esto: