Se me llena la boca de libertad

 

 

Pienso que lo más importante es la libertad, la verdadera:

la que es sorda pero escucha,

la que no duele pero pertenece,

la egoísta pero justa,

esa de la que te hablan pero nunca promocionarían los burdos defensores del liberalismo,

la no violenta,

la de pensar con la boca en una mano y la sonrisa en la otra,

la de no bajar el pie cuando debajo anda la hormiga,

la de sentir la voz de tu infancia impartiendo clase de vida a tu yo roto y pálido,

la terrible con el llanto e inflexible con la amargura,

la que ofrece luz y sandalias al que recorrerá algún día su propio camino,

la que posee verdades que se mueven cuando se alimentan y adelgazan cuando quieren acercarse a absolutas,

la que necesita compañía,

la que resulta de cruzar anhelos con espejismos,

la no domesticada,

la tuya, la suya…,

la que dormirá a pierna suelta,

la que primero se borra aunque se sepa decir en todas las lenguas,

la que otorga el derecho a ser lo que cada uno sea, no juzgado, ninguneado, u oprimido,

 

la auténtica verdad, la que cada cual posee, la suya, su propia belleza, su esperanza, su sentido,su nada o su todo, el paso, o el asiento, la duda, y la certeza, la comunicación y el silencio, sus amores, sus deseos, el derecho a su pensamiento, a expresarse…

 

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