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Replantearse la pertenencia.
Pertenecer, sentirse, es ya ser clase declararse abierta, cercenada por cadenas que rodean, surcan muslos, pies, manos cuellos, torsos, lenguas, difuminarse entre pisadas como el alma sin pena como el alma gimiente a la espera de esquivar los golpes, las estanterías soportan deseos que mataron muertos y resucitaron vivos a soportar como la mayor de

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El acervo
Volvemos al pasado buscando lo que nos hizo daño para recordarlo con cariño, y no solo a repetirlo si no a defenderlo.

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La sonrisa del tiempo
Debo aprender a relajarme dejar al tiempo producir sus razones, aunque vayamos a lo nuestro a veces coincidimos, entonces su sonrisa de las diez y diez es mía para el resto del día
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Vivir con miedo a que te pase algo en la calle: lo normal si eres mujer
Noche ruidosa por la ciudad caminando a solas recelando y observando las farolas despedir soledad, tengo miedo, exijo estar donde debería y no lo consigo, no estoy en un bosque, no estoy una isla desierta, y desde la impronta surge el depredador las palabras debes cuidarte los alaridos-llanto de tantas un aterrador por favor no
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el establecimiento del estado absoluto o de como me perdí en el serengueti
Se parece esto tanto a los principios del siglo veinte, con todos nosotros cerrando los ojos, y todos ellos aprovechando para dar un pasito como en el juego de un dos tres escondite inglés, coartándonos libertades, y nosotros dejándonos como buenos aborregados y miedosos impostores de humanos que derrochan una vida que se nos dio