Se redime la voz y el cielo con el yo sacrílego
Con la luz boreal que no alumbra la noche oscura
Tan vital como el viento que no arrulla el frio que lacera,
Tan afanado como el único eco que es el silencio tartamudo,
Que no es realidad, es solo espaldas de gente que se aleja,
Gente perdida en ese bosque de bosquimanos,
Huidas de ellas mismas en la espesura de la opinión
Escondidas, acurrucadas, insertada la cabeza entre las rodillas
Comparándose con espejos vidriosos de ojos que lloran,
gente nada más, personas que caminan que orbitan
Que la voz se les entrecorta, es tenue, y el cielo lo sabe,
El cielo sabe tanto que nos da medicina de cariño
Para que seamos dóciles, ingenuos, que gritemos por la espita
Que reinemos en nuestra ignominia como un capitán en la arena
Que seamos azules, rojos, verdes, o negros, y que nos cansemos
Nos cansemos detenidos mirando el horizonte marchito y la fiesta en las piernas.

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