Todo lo que escribo ya ha muerto
Se esconde en papeles blancos cerrados
Sobre estanterías de madera seca y dura
Son pensamientos ahogados en la oscuridad
De mi propia tozudez y desidia,
Tengo una única esperanza con la que a veces sonrío
Me gustaría, tendría todo un fin irónico,
Mi imaginación se explaya observando
Engordar a un insecto que come letras negras
Folios blancos, ideas absurdas, tonterías varias
Y luego se toma una siesta, eructa, vuelve a masticar
Su cuerpo luce brillante y orondo
Porque lo que está muerto a veces puede dar vida.
