Qué fácil es habituarse a la iniquidad cuando se le llama tradición.

Sustituir el pensamiento

por el ocio

y creer en la magia,

de un ser mitológico

vacío de mujer

mitad hombre, mitad hombre

aterrador en la tierra

amante en el cielo

reemplazo de la realidad

y contar para ello

con la violencia

de la palabra y el rito

para componer una fiesta

que confunde la celebración 

de la vida con el culto 

a morir en vida,

asear con baños de azufre

cualquier sonrisa sucia,

festejar con fusta 

cualquier gozo de la carne.