Asaltemos el algoritmo como se asaltó la Bastilla.

Gobiernan con el algoritmo

espejo dentro del teléfono

que repele lo negro y sucio

escondido en las muecas engaño

con las que sorteamos esa impaciencia

que no es más que el auto odio,

levantamos la cabeza aguijoneados

contra el contrario, el polo opuesto

la persona que personifica

aquello que odiamos de nosotros,

seguirán arriba si no apagamos

el cerebro de fantasías individuales,

somos más y mejores personas,

y luchar 

por lo que merece la pena

no por una mierda

de partido de futbol, (por ejemplo),

amemos al otro y a uno

a la otra y a una, 

al otro y a una

a la otra y a uno

a nosotros mismos

a nosotras mismas…

disloquemos el algoritmo

con palabras que no comprenda:

coherencia, integridad, reflexión, silencio, paciencia, humanidad, colmar, sentarse, observar…

Que caiga y suene como un árbol talado en el centro del todo.