Las imposiciones

El pesimismo nos lo instalan

como una camiseta para someternos

no podemos aparecer desnudos

en la plaza de los  demás,

yo

alucinado, soterrado, ajeno, enajenado

un sistema de vida, una idea endiablada,

 ni el torno, ni la rueda, ni el molino

dan tantas vueltas como mi cabeza gamberra,

yo

rompiendo esas cadenas, optimista es poco

seré el viento del pueblo, la luz insignia y guía

entre el sueño y el ensueño cantaré sobre la muralla

y al caer la tarde, o la noche, o el último año

tomaré mi sonrisa como bandera insumisa y certera

ondeará febril y orgullosa, desnuda de realismo,

cantaré a la plaza, quiero a los demás, 

quiero que también me quieran, quiero y entiendo

entiendo que nadie es mejor que nadie

ni que nadie merece sufrir por lo que yo quiera.