Los libros que no se publican
hablan consigo mismo
de quienes les gustaría
que su rostro lascivo moviera
sus facciones sobre ellos,
los libros que no se venden
hablan con el anaquel
de un pasado quimérico
y un presente objeto,
el autor, ya tan lejano
los habría ahogado
en un barreño,
no quiere verlos así
tan muertos, tan heridos,
el autor quiere
devolverlos a la infancia
a pasta de papel
a preguntas que estuvieron
envueltas en plumas de apariencia,
desea que de nuevo vuelvan a ser
blancas láminas
que contengan
versos con agua
versos con frío
versos con viento
versos flotantes
solo versos
versos profundos.
