Entendí las palabras
cuando las vi impresas
en un papel seco
de cuartilla gruesa
a los cinco años,
antes eran voces huecas
ruidos de aliento
dientes y ojos,
organicé el mundo
y sus sentidos
traduciendo
aquellos negros
y estrambóticos símbolos,
aún hoy creyéndome persona
me resulta ajeno
que lo escrito
sea lo mismo que lo hablado
que lo pensado
sea lo mismo que lo hablado
que un rostro
sea lo mismo que lo hablado.
