Volví
con la mordaza entera
a hablar lo que pienso
pero era oscuro
y las orejas habían cerrado,
por lo tanto me reconvertí,
expelí
procedimientos narrativos
destinados a excitar la curiosidad
o la emoción, y expresiones
para despertar sentimientos de melancolía
e inquietud, comunes en las novelas vacías,
¡y triunfé!,
habían echado el cierre al razonamiento
escucharon mil veces lo mismo
y mil veces me aplaudieron.
