Por el camino
recompuse los sentimientos
construí entre la lejanía
y las pequeñas chinas del suelo
un día al que tanto debo
por ser antesala
de aquella noche
que no soñé
por el insomnio
pero me convertí
en soñador,
tendría ocho años
y convine con mi sombra
que necesitaría luz y viento
para adecentar el mañana,
hacerlo placido y acogedor,
y entre la realidad y la mirada
solicitar clemencia a la ansiedad,
aún hoy sigo venciendo
y siendo vencido
por la agresividad
de la enseñanza formal,
y redimido
por la realidad ambigua
que se esconde tras el alarido
entre las voces rotas y siniestras
que recorren el espacio
a la mayor velocidad posible,
cuando me zafo
y me reconcilio
con mi yo “ochoañino”
la única lucha
que admito
es continuar respirando
al menos un segundo más.
