En tiempos de su juventud, el viajero tenía un don que después perdió: volaba.(Jose Saramago en Viaje a Portugal)

El dolor 

endurece aquella mirada

que no sabe a donde mirar

escondida en las entrañas

de la soledad y la amargura,

y si no vuela el alma

aunque sea en la secreta noche,

y no sale a espantar pesadillas

cada madrugada,

y si no sabe mantenerse joven

cuando cae al suelo

como el resto del cuerpo, 

no habrá bálsamos

para la vida,

la juventud 

no habrá servido de nada