No somos capaces de reír ni de llorar por la injusticia infinita
pero sí por la voz que atrona, en nuestra oquedad.

Hablan de su nación
llena de gente que habla
gente que habla gritando
gritan durmiendo y roncan
se derramaron en la cama
adoptando una mala postura.
Hablamos de nuestra nación
llena de bondades infundadas
fundadas en fundas para almohadas
durmiendo una parte, la otra espabilada,
¿Cuántas naciones y sus absurdos símbolos
somos capaces de simbolizar sin reírnos?
Infinitas como la estupidez humana
la humana nada que impregna la tierra
con su sangre coagulada,
sus dioses hombres armados
sus diosas tierras profanadas
sus miradas de la ternura rotas
sus fosas saturadas,
sus niños, sus niñas, en silencio
sus adultos, sus adultas, en silencio,
el único sonido intranquilo y persistente
lo crean las bombas cuando se divierten
amasando dinero cuando se gastan
produciendo algarabía a los que las fabrican
dotándolos de gloria, bienestar, y paz.
Es la verdad del mundo ciego de viento
se construyen mansiones con cada detonación
se unen al tumulto del turismo a cada amputación
ríen en una cena informal con cada desaparición
brindan con el mejor champan con cada destrucción,
No somos capaces de reír ni de llorar por la injusticia infinita
pero sí por la voz que grita nación, incapaces, dóciles, en nuestra oquedad.