
La soledad la impone una sociedad que nos exige algo a cambio para asignarte un acompañamiento. Un Asperger no entiende que precio debe pagar para que lo acepten, es uno de los primeros obstáculos que se le presenta en su vida. Rodeado de transacciones que le resultan invisibles construye su mundo, hace lo que se le da bien sin un fin concreto, pero siente que es empujado sin advertirlo a sentirse mal por ser único, por no saber como acercarse o alejarse de las personas, por lanzar sus ideas con poco filtro, o no ser capaz de decirlas por haber sido atacado en algún momento con una violencia verbal que no consigue soportar. El precio se mantiene en todo momento soterrado, nadie habla sobre eso, aunque todos y todas lo conocen, menos él. Al principio de su vida, la familia, los adultos con derecho a opinar comentan en voz alta: “este niño no habla”. Sin embargo este niño sí escucha, y comienza a reconocer en él lo apartado, a autoasignarse una tara, se siente mal, a veces muy mal, tiene muchas cosas en la cabeza, no sabe como sacarlas, a veces ha creído que es tímido, porque también lo ha escuchado una y otra vez, entonces piensa que exponiéndose poco a poco se diluirá esta supuesta desconfianza en si mismo, pero no funciona, no se rompe el muro invisible entre él y los demás por mucho que se esfuerce. Sigue estando mejor solo o con unas pocas personas que le dejan ser como es, y con las que sí conecta, es como si tuviese solo un enchufe, y cuando está ocupado no puede conectarse nadie más. Los grupos no son para él, así que no pertenecerá a equipos, partidos políticos, religiones, asociaciones, ni frecuentará fiestas, reuniones, aunque a veces le resulta imposible no participar y hace excepciones porque comprende que la familia o alguien al que quiere le está pidiendo que lo haga por él. Con los años va aprendiendo a gestionar su soledad entre las personas. Si escribe novelas, poesía, relatos sin parar, no los promocionará, no hará por que lo conozcan, no escribirá sobre lo que la gente quiere oír, porque no entiende que la gente quiera evadirse de su vida, y de si mismos. Si no hay nada más que el mundo interior, por qué evadirse, el exterior existe en cuanto nosotros lo analizamos y comprendemos, al parecer la gente no lo entiende así. Entonces se echa ese trabajo encima, comprender el mundo, a las personas, a la sociedad, ama y respeta a todos y todas, incluidos nuestros hermanos y hermanas animales, ama y respeta esta tierra que nos sustenta, el aire, y el agua. Trabaja todos los días en algo que no produce, que no avanza, pero, él cree, le hace mejor y más grande. Así transcurre la vida de este Asperger, luchando consigo mismo, buscando el precio, la forma de romper esa pared de cristal, que el caso de ser mujer sería una caja entera de este material. Nos controla una discapacidad invisible a los ojos que nos escudriñan tratándonos de antisociales, raros, maleducados o excesivamente educados, esquivos, arrogantes, enterados, recalcitrantes cuando hablamos de un tema que creemos dominar, o silenciosos cuando el tema no nos interesa. Con los años comprendemos que los ojos de los demás siempre están elaborando etiquetas, no es personal, así que si usamos nuestra inteligencia para intentar mantener el equilibrio, un bienestar, y una cierta felicidad, podemos conseguir algo parecido a olvidarnos de la lejanía que sentimos construyéndonos un mundo ficticio y al mismo tiempo hiperrealista al que todos y todas están invitados, pero con una condición, que las relaciones no sean transacciones, que no se espere nada a cambio, que como decía la canción no se confunda valor y precio.