La fuerza no tiene razón

La voz de la cordura 

es una osadía,

es lanzarla y esperar

a que los caninos

nos desgarren,

reencierra ecos

de venganza

parásito 

del que se adueña

el odio,

no se el porqué

quizá ellos lo sepan,

les parecerá que lo sensato

rebota entre sus ruinas 

sus malas sangres

morales y bestiales

derribadas ya en cascotes

que se retiran

siempre demasiado tarde

del camino,

y si solamente quisiéramos vivir

sin voz para intervenir,

mudos de impaciencia

de reflexión, de soledad,

mudos y fragmentados

por la algarabía de los gritos

y la inteligencia,

¿Nos dejarían

Pensar con cordura?

O no es más

que un animadversión 

a la razón

de nuestros actos,

envidia de nuestra esperanza

porque ellos

no sienten ninguna.