
No es tan mala la mañana
y me siento arrastrar
por el viento que aún no sopla,
lo originará mis suspiros
por el tiempo que se abalanza
como un coyote a la espalda,
si fuese mala la mañana
lloraría como un hombre
en el regazo más próximo
enseñando los fragmentos
que a duras penas
se mueven coordinados
cuando camino
por ejemplo absorto
en una seguridad ficticia
con rostro y facha de macho.
No soy yo quien me construyó
pero sí quien se repara las grietas.