
Primaba la esencia a la existencia
entonces los acólitos de un dios inhumano
impusieron su doctrina taimada:
no sabemos más que seguir las huellas
que siguen el cauce de un río
siguiendo la sinuosa estela de angosturas
encaminadas por altas cordilleras
en las que nos embutimos
para no conocer las lejanías.
No sentimos la pena de no querer conocer nada
solamente pretendemos que no nos quiten lo absurdo.
Primaba la esencia a la existencia
que es cómo decir que ya estaba todo hecho.