La dificultad

El síndrome de Asperger

Nací inserto en la soledad, tal vez predispuesto, inclinado, empujado, al principio, y el principio son muchos años, quizá treinta, quizá cuarenta, creí que era por timidez, me lo hicieron creer sin mala intenciones pero con esa crueldad descuidada de quien no comprende ni intenta comprender que los demás no se adapten a lo que está oficialmente establecido. La sociedad, con su poso autoritario del que no se desviste, tiene normas muy estrictas, no son nada moldeables, es un transatlántico que destroza cualquier barquito que tendrá el mismo derecho de surcar el mar, pero se hundirá irremediablemente en el choque. Esa soledad me hizo a veces mucho daño, me produjo ansiedad, desde que yo recuerde, con cuatro años hablaban y yo los oía, este niño no dice nada, lo mismo es tonto, me obligaban, me empujaban a contar, a explicarme, esperaban delante con mirada inquisidora, eran una especie de exámenes sumarios consiguiendo que me bloqueara completamente y ni siquiera sacase una sonrisa de mi boca, y después de las palabras estaban los gestos desaprobadores que me conducían a callejones mentales sin salida. Me sentía muy mal, tenía una tara que al parecer era voluntaria, me sentía solo, sin referentes, todo el mundo hablaba y hablaba sin parar de cualquier cosa por nimia que fuese, era culpa mía y debía cambiar, pero no sabía como hacerlo, cuanto más lo intentaba peor me sentía y menos avanzaba en mi supuesta curación. Cualquier cosa que tuviese que hacer en la calle era sumamente complicado, con gente, en lugares que estuviesen fuera de mis rutinas, la rutina era la escuela, el instituto, mi cuarto, el camino prefijado entre ellos. Los lugares habitables y en los que sufría menos eran los sitios que ya medio controlaba y en los que me centraba en alguien que era mi amigo, con él sí hablaba. Me convertía en estatua en cualquier reunión social, en el peluquero, en un cumpleaños, en una nochebuena, ahora sé que no por timidez si no por otros bloqueos que no sabía que existieran, y pasaron los años y fue a peor aunque hablase más, pero solamente de los temas que a mí me importaban y que controlaba, rehuía de las concentraciones de gente, el ruido y las voces gritando me aturdían, me refugiaba en los libros, escuchaba con palabras silenciosas y de tinta a mis verdaderos y grandes amigos y amigas de manera ordenada, un libro detrás de otro, me podía detener a reflexionar, yo a mi vez me desahogaba, sigo haciéndolo, escribiendo mis pensamientos, pienso que no sé comunicarme del todo con palabras sonoras, me escucho desde fuera y no me comprendo y creo que los demás tampoco lo hacen, por eso muchas veces repito lo que digo varias veces. Hablo sobre lo que sé con vehemencia, por eso me gusta mucho saber, y no hablar desde la ignorancia, como me he dado cuenta habla la mayoría de la gente. Una forma de explicarlo, es que tengo rota alguna antena, y es posible que no consiga nunca sintonizar completamente con mis interlocutores, hubo mucha gente que me hizo daño sin saberlo, y que siguieron su vida como si nada, yo me quedé en la mía recordando el golpe. Afortunadamente soy una persona medio inteligente que he conseguido aprender dos o tres cosas para ir tirando, con el tiempo he conseguido relativizar, aceptarme más o menos, ya no me esfuerzo tanto, pienso que el tiempo que esté pasándolo mal pasará como el tiempo en el que lo esté pasando bien, aunque a veces días o meses después, como minas de profundidad, me vuelven los pensamientos de lo que hubiera tenido que haber dicho. La comunicación va de miradas, de sentirse relajado, algo que no consigo del todo, de acercarse, de interesarse, de no ser tan rígido en las ideas y las palabras, las conversaciones no son un examen, que es como yo las siento. Todo esto he  aprendido, lo que me cuesta es ponerlo en práctica.

Como he dicho en ese principio tan largo creía que era timidez, hasta que me hice unos test para detectar el síndrome de Aperger, y me dieron una puntuación bastante elevada, no tengo un diagnostico exacto del grado y la implicación, pues el espectro autista es muy variado, y no tengo ganas de ir a un sicólogo, aunque no lo descarte. Lo que quiero decir es que he llevado una vida aparentemente normal, pero he sufrido mucho innecesariamente, la mayoría de las veces en silencio por no comprender lo que me ocurría y creer,como les parecía a los demás, que era así porque me gustaba serlo. La vida la he tenido que aprender desde fuera, leyendo, viendo películas,  documentales, informándome, formándome, pensando, recapacitando. Desde dentro no la  termino de entender, cuando me hayo en un lugar y no entiendo lo que pasa me desdoblo e intento alejarme, entonces me relajo y a veces consigo ser yo, para eso tengo rutinas mentales, físicas, me produce ansiedad la improvisación aunque no tengo más remedio que practicarla a veces. Si hubiera tenido un diagnostico, un tratamiento, quizá hubiera sufrido bastante menos, eran otros tiempos, pero a nadie se le ocurrió pensar que tenía un problema de nacimiento y que no era que yo quisiera ser así para molestar o decepcionar a los demás.

Con esto quiero sacar una simple y a la vez complicada conclusión, quizá parezca una perogrullada sin embargo en esto radican casi todos los problemas, las personas somos diferentes y debemos aceptar nuestras diferencias y también las de los demás, no pensemos que todo es personal, cada cual tiene sus preocupaciones y problemas, sus inadaptaciones, sus ideas, su situación económica, su procedencia, su color de piel, de ojos, sus capacidades, como ahora se dice, diferentes, no juzguemos, no apretemos, no discriminemos, dejemos fluir a las personas, la mayoría son buenas, dejémonos fluir a nosotros, hablemos menos y escuchemos más, quizá comprendamos al otro, que no necesariamente es compartir lo que piensa, pero si entender su punto de vista, obviemos lo que debería ser, dejemos los estereotipos y abrámonos a cada persona como si fuese única, no dirijamos, acompañemos, instemos a las instituciones que eduquen en la diversidad, y que ayuden poniendo los medios a las personas que nacen con dificultades añadidas, sea físicas, mentales, económicas, de procedencia, en eso debería consistir una buena sociedad, en conseguir que todos y todas podamos tener las mismas posibilidades de desarrollo. 

Y ahora que hay un partido político, que se parece tanto a las personas malas que me he encontrado por el camino de la vida, que intenta que volvamos a épocas más oscuras en las que yo me críe, y otros partidos y medios de comunicación que les siguen el juego, se quemaran, y que Europa está luchando internamente y externamente con los autoritarismos de los machos, ahora más que nunca debemos posicionarnos activamente en favor de los derechos humanos con mayusculas,  por todos y todas las personas que habitamos este planeta, nos merecemos vivir en paz, justicia, y libertad. 

3 respuestas a “La dificultad”

  1. La sociedad es una jungla multicolor, el ser humano «moderno» irónicamente es la única especie que no ha podido convivir en armonía con sus semejantes y las demás especies. Parte esencial en la que tenemos que evolucionar, paso a paso pero se tiene que empezar a trabajar en eso desde cada quien en la simpleza de cada posibilidad.

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