Por tontos

Por tontos

El método científico desarrollado por Galileo es incomprensiblemente denostado por una gran parte de la población unos cuantos años después(1633-1638) de haber sido confinado en su casa de Florencia por poner en cuestión las verdades absolutas lanzadas por la religión, en aquel momento basadas en la teología cristiana de Tomás de Aquino, que había unificado la verdad bíblica, considerada revelada e indudable, con la reflexión filosófica aristotélica, componiendo un suelo firme y estéril, en el cual se debía apoyar cualquier edificación ideológica, so pena de herejía. Han pasado demasiados años desde este despertar del pensamiento humano para que las supersticiones no hayan sido apartadas a un lado de nuestras vidas, vivimos en una total bipolaridad que se refleja en muchos estamentos de la sociedad, damos por buenos los avances tecnológicos sin comprenderlos, al principio existe siempre una reticencia basada también en la creencia, pero sin remedio los acoplamos a nuestra vida instaurándolos como partes de una liturgia religiosa. Sin generalizar, los objetos y lo que hacemos con ellos son pasos del viacrucis que hay que transitar tambaleándonos para conseguir formar parte de los grupos humanos, de lo que se espera de nosotros. Existe una separación muy marcada entre tecnología y ciencia, sociológicamente hablando, actuamos como si la tecnología se fabricase, como se escribió en la biblia, por la revelación del hombre todopoderoso que está en los cielos obligándonos, juzgándonos, sometiéndonos. Somos corpúsculos creyentes de que la tierra nos pertenece, que un dios no la entregó, y que un gobierno, u órganos inextricables superiores nos lo administran, por lo tanto debemos acudir a ellos en busca de soluciones como lo hacen los creyentes presentando ofrendas a su dios, en formas reales o de promesas. Cada solución devanada por esos cerebros del Olimpo es más variopinta e incongruente con la anterior, pues suelen producirse a golpe de la necesidad de ganar elecciones, es decir de mantenerse. Luego están los contrarios que aseguran que quien está en el gobierno en ese momento es satanás, otro hombre al que se le atribuyen los males pero también la diversión, y que todo, absolutamente todo lo que propone, es para someternos y llevarnos a su redil. Lo peor del caso es que, unos y otros se guían por creencias con sus inherentes verdades absolutas, lo más contrario que existe al avance y a la esperanza, ya sufrió Galileo hace cuatrocientos años la furia de la creencia en que la sabiduría es un ente inmutable construido por dios y escrito por Aristóteles, el conocimiento era inmutable y eterno y no era concebible ponerlo en duda. La duda es pecado, el humano es dubitativo, dios es certeza, acercarse a él implica someterse a la fe, la más abyecta y poderosa productora de borregos serviles, todo los movimientos destructores han clavado sus pilares en la fe ( Los totalitarismos, el fascismo, el fundamentalismo religioso…) 

No se suelen evaluar las acciones con verdadero rigor, fuera incluso de la ideología, sopesar en que partes funcionaron, y en cuales no. Pero esto que digo no deberían hacerlo los poderes, aunque también mediante órganos lo más independientes posible, si no el ciudadano y la ciudadana, que más parecemos amebas que nos movemos por tropismos efímeros, por situaciones coyunturales. Pensar cuando votamos el porqué lo hacemos, cual es el programa que debería ser un contrato, cual es el destino al que nos quieren llevar,  si se ciñe a lo que nosotros pensamos, a como debería ser nuestra sociedad y el mundo, o al menos votar el que más se parezca a nuestra idea, sería lo deseable. Debemos sopesar también que camino  emprenderá ese candidato, y hacia donde,  a medio y largo plazo, para luego rendirle cuentas en sus acciones, o felicitarlas. 

Existen pruebas científicas en muchos casos, como la emergencia climática, la obesidad de la población, el consumo desmesurado de drogas, y sí, el alcohol y el azúcar entran en esta categoría, y sí, todos nos drogamos, y quien asegura que no, lo hace el doble, pero no nos movilizamos por ninguna evidencia, dejamos hacer, la iglesia corta calles en semana santa, se les llama procesión, y a casi todos, creamos en esas estatuas o no, lo consideramos normal, lo mismo si gana un equipo de futbol, pero si pedimos un derecho, una mejora, en esa mismas calles, somos manifestantes vistos por el poder siempre con recelo, pues produciremos desordenes sí o sí, ya se encargaran ellos de magnificarlos.  Tú mira al cielo buscando la misericordia y te consideraran una persona cuerda que usa su derecho a creer en lo que quiera, ojalá el derecho a saber fuese del mismo modo defendido. 

Me temo que el método científico es todavía un paria en la sociedad humana, por lo tanto Galileo sigue confinado en su casa de Florencia, cabreado y criticando con su mordaz visión. Lo necesitamos y lo tememos, no sabemos que significa, ni que podría hacer por nosotros en esta democracia sin hacer todavía. Por de pronto animarnos a dejar nuestra posición de seguidores, o de opositores, y sí de críticos y evaluadores. El método científico no se puede separar de la filosofía, como se ha hecho hasta ahora, comenzaron juntos, pues la forma de ver el mundo, nuestra posición ante él, influye sobremanera en nuestro comportamiento, si supiéramos, como sociedad, que somos parte de esta tierra, y no sus poseedores, quizás abogaríamos por el equilibrio y no por la devastación. 

Si alguien nos estudia en el futuro con ojos pensadores, se dará cuenta de que nos extinguimos, no por un meteorito, no por una enfermedad, no por falta de alimento, no por un cambio en la proporción de gases atmosféricos, no por obsolescencia programada…, desaparecimos de este maravilloso planeta por tontos.

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