Cincuenta es un infinito que se hace corto (En esta fotografía mi abuelo tenía la misma edad que yo he cumplido hoy, 50 años, se murió dos o tres meses después, y siempre ha sido para mí un gran referente).

Cincuenta es un infinito que se hace corto (En esta fotografía mi abuelo tenía la misma edad que yo he cumplido hoy, 50 años, se murió dos o tres meses después, y siempre ha sido para mí un gran referente).

Según la religión que no nos deja en manos de un dios

ni se encarga de imponer su dogma

y siente que los demás seres vegetales y animales

son la compañía, y nosotros una célula más,

aparecí en la tierra para intentar ser feliz,

en cincuenta años a veces lo he conseguido,

cuando te abrazo y siento tu corazón oscilando

cuando nuestros hijos sonríen entre las vicisitudes,

a veces, un poco menos, aparece una frase

y rompe los esquemas y el orden del pensamiento,

también los maremotos producen felicidad.

Un beso, eso me deja al límite del abismo plácido

y tu sonrisa, y ese sentido del humor impreciso

que a veces me descoloca.

Tus manos agarrando las mías

no dejando que me trague el infinito,

que me devore la nada, el viento, las piedras

los sonidos que sombrean la quietud del viento.

Dentro de mí no soy apenas una noche de voz

que se refugia en las palabras,

pero junto a la tierra, a mi familia

consigo comprender, tal vez, un poco el sentido,

o es la felicidad

o mis viejos ojos

que necesitan recambio.

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