Lo peor de la política

Lo peor de la política

En este país más que nunca está triunfando exclusivamente la política, o al menos se aprecia más, y con ella el neoliberalismo salvaje, la falta de oportunidades, y la injusticia social. El neoliberalismo no conoce de izquierdas ni derechas, ha infectado a todos. Los jinetes del apocalipsis de la desigualdad suelen ir de la mano sin que exista nadie, o muy pocos, que se estén oponiendo a ellos.

Cuando la política se erige en fin en sí mismo, en un juego de las sillas eterno, y no está ahí para intentar solucionar problemas, mejorar la oportunidades, se convierte en un lastre, en un instrumento del capital, de las grandes empresas que también saben hacer política y muy bien, por ejemplo moviendo consejos de administración, o lanzando mensajes apocalípticos para que los trabajadores atenazados por el miedo no salgan a pedir, a luchar por sus  derechos.

Estamos gobernados por políticos de carrera, dan la impresión de ser muy gallitos pero cuando ven su culo peligrar,  lo que dijeron ayer se dijo bajo coyuntura distinta, ¡hoy tengo propuestas contrarias, y las digo con cara de cemento! ¿Qué hacemos la gente mientras tanto?, algunos seguirlos con las mejores intenciones del mundo, creyendo que llegará el paraíso, otros se colocan en frente y anuncian que el infierno asolara la tierra, lo demás, lo que quedan, pasan, se hunden en su cotidianidad quejándose doloridos bajo la amenaza de un futuro incierto, ahogados en su propia indolencia.

¿Donde están las propuestas?, para eso hay que pensar con una intención de que los estados no sean consumidos por los mercados, ¿dónde las soluciones?, ¿dónde el camino?, solo se perciben tejemanejes. Como si la política por arte de magia, enarbolando banderas, besando tierras, excluyendo gentes distintas, moviendo figuras del ajedrez, diciendo tu más, soñando, y escuchando palabras bellas entrando en oídos cayados, solo con eso, el mundo, nuestro país mejorará. De verdad, qué falta nos  hacen propuestas, alzar el pecho y enfrentarnos a la dictadura del mercado que hoy en día se iguala a la democracia, incluso a la izquierda le da miedo parecer demasiado social y hablar mal del mercado liberal.

Lo social no es dar limosna, siendo una hermanita de los pobres, como algunas veces parece convertirse la izquierda, la derecha lo hace con más naturalidad, si no intentando paliar la desigualdad que provoca el mercantilismo, con una buena educación de becas equilibradas a la necesidad, con una buena sanidad para que la gente pueda enfrentar su vida con salud…

Esto debería pretender la política, pero hoy la política es exclusivamente políticos moviéndose como cucarachas en una caja de zapatos.

 

 

 

 

 

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